La Felicidad desde las Reflexiones de un Nefelibata

No quiero. No quiero ser un peón más que se desvele a las 6:30 a coger el tren de cercanías para ir al trabajo. Mucho menos quiero ser aquel que se levante a medio día sin objetivos ni sentido del deber.

Muchos nos llaman la generación perdida.
Y es curioso, porque a mi parecer, fuimos nosotros los que encontramos a su generación extraviada entre oficinas, informes y corbatas ahorcantes.

Quizás en vuestro día recibisteis un oráculo que no supisteis interpretarlo.
El cual os habló de un bonito futuro pero no de dónde encontrarlo.
¿Y qué decir del legado de nuestros antepasados que decidisteis no conservarlo?
Firmando los términos y condiciones del nuevo milenio sin antes revisarlos.

¿Quién lo iba a decir?

Unos seres mayoritariamente infelices nos dan clases sobre la felicidad.

Intentan enseñarnos cómo vivir cuando ellos están muertos en vida. Nos hablan de motivación intrínseca cuando la suya es puramente extrínseca, ¿o acaso levantarse por las mañanas pensando en los 15 años de hipoteca es una bendición?

Perdonen ustedes mi ignorancia pues, no obstante, haré lo posible por alejarme del ojo del huracán.

Se supone que nacimos para ser libres, pero cuando has sido discípulo de almas oprimidas no es tan fácil. ¿Qué podemos esperar de nuestra generación si nuestros maestros pusieron límites a nuestra imaginación?

A pesar de ello, no es del todo raro ver una orquídea en un campo de espinas.

Muchas personas dicen que estos pensamientos que hoy comparto contigo han surgido con la crisis y que son ñoñerías de adultos inmaduros, también conocidos como Milennials. Dicho así parece que es un fenómeno de causa efecto, como si se tratase del petricor que se levanta tras la primera lluvia que sucede al estío.

Decidme que tengo que ser realista y os demostraré mil y una razones para ser una persona nefelibata.
Reprochadme que los sueños no existen, y os recordaré porqué se escapó de vuestra lámpara el genio.
Repetidme que estos pensamientos no me llevarán a ninguna parte, y os gritaré a los 4 vientos la diferencia entre progreso y movimiento.

Realmente pienso que somos fruto de una generación en transición. En transición de un sistema insostenible a largo plazo, a un sistema más biodegradable.

Fuimos diagnosticados de titulitis, y dicen que no hay antídoto de momento. Las farmacéuticas siguen investigando mientras el negocio inmejorablemente les va lucrando.

Pero, esto me suena de algo… Juraría estar viviéndolo en mi mundo, si no fuese porque… soy un nefelibata.

Si comparamos el sistema educativo, pilar de toda sociedad, con un edificio del siglo XVIII, podríamos decir que el tiempo firmó su obra con unas cuantas mellas dejando  los cimientos agrietados, mientras que las vigas han servido de manjar para 2 comensales que llegaron puntuales luciendo los nombres de “termita”  y “humedad” en sus correspondientes etiquetas.

Lo peor de todo, es que a sabiendas de que a nadie le convienen los 2 huéspedes de esta noche, les seguimos dando una calurosa bienvenida por querencia y falta de innovación.

Posiblemente veas que este contenido no tiene mucha coherencia con el resto del blog. De vez en cuando me encierro en mis aposentos para desatarme las cadenas que arrastro y sentir la brisa del viento sobre mi piel sin tapujos. De igual manera, te adelanto que este tipo de artículos se guardarán bajo la categoría de “Misceláneo“, y como su nombre bien indica serán posts con temáticas variadas, aunque siempre, de alguna manera u otra, guardarán relación con la educación.

Espero que esta entrada haya servido como un pequeño break a la maratón que supone estar leyendo la Guía del Máster.

Tómate un respiro y sigue trazando tu propio camino.

Keep moving. Keep progressing.

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