¿Quién soy?

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Nacido en Tánger allá a mediados de los 90, nací en el seno de una familia obrera de clase media. Pocos años después, fui inscrito en la educación española.

Esto significaba que iba a seguir el mismo camino que cualquier otro niño en España, pero en Tánger, lo que definitivamente marcó el resto de mi trayectoria.


Educado por españoles en una institución pública y adiestrado por la vida cotidiana marroquí, crecí buscando el equilibrio entre España y Marruecos, el Norte y el Sur, Europa y África, el español y el árabe… Tal es la situación que el idioma oficial en mi casa es el Arabañol.


Siempre he dicho que no tengo patria y realmente no me acabo de sentir identificado al completo con ninguno de los dos países. Con el paso de los años, las distancias se va haciendo abismales y el Mar Alborán me reclama como su primogénito.

Tuve que esperar hasta los 18 años para tomar la primera decisión que sin lugar a dudas no tenía reanudación. Recuerdo que convencer a mi padre fue todo un reto, un pulso muy ceñido y obviamente largo y tendido, que se prolongó por razones sin sentido cuando yo ya lo tenía todo decidido.

Realmente no pretendo hacer rima en prosa aunque a vosotros puede pareceros otra cosa, y es que cuando las palabras son puras traducciones de los sentimientos, empuñar un bolígrafo y tintar folios amarillentos es el resultado más esperado.

Tenía en frente 4 años de carrera universitaria y mi familia intentaba convencerme por activa y por pasiva para que me quedase a estudiar en Marruecos. Mientras tanto, yo seguía buscando una ciudad en España que me hospedase.

En mitad del revuelo, apareció Granada para decirme que si el mar Alborán hizo de padre, ella adoptaría el rol de madre. Y así fue como empezó una bonita relación de amor-odio.


Antes de darme cuenta ya había pasado el primer año, y poco después el segundo también. El tiempo volaba y notaba que me estaba quedando un poco estancado.

Necesitaba viajar, explorar y hacerme amigo de la aventura.

Así que decidí irme de erasmus en el tercer año, pero no a un país cualquiera, de hecho no quise pedir ninguno de los países de Europa Occidental, y me decanté por Lituania, un país báltico perdido entre Polonia, Letonia, Bielorrusia y Kaliningrado.

Mi objetivo era irme a un país donde pudiese estudiar en inglés, con un buen balance de vida erasmus-estudio y con una buena localización geográfica que hiciese muy fácil poder viajar y recorrer más países.

Y como se dice en España, blanco y en botella. No podía ser otro país.

Mi año de Erasmus en Lituania es, hasta el día de hoy, el mejor año de mi vida. En pocas palabras, mi Cristo, ya que me abrió los ojos y marcó mi vida. Es de esos años que sabes que a pesar de tener tan sólo 21 inviernos, lo más probable es que no vuelvas a vivir una experiencia igual… Y no porque tu vida no sea interesante, sino porque el listón ha quedado muy alto, demasiado alto.

No fue solo el hecho de vivir lejos de casa (ya lo llevaba haciendo durante un par de años).

Fue más bien el hecho de lanzarme de cabeza a un país que desconocía totalmente, vivir en una residencia universitaria con estudiantes de todo el mundo, mejorar el inglés, aprender un mínimo de Lituano, conocer mejor otras culturas, y viajar. Sobre todo, viajar.

Pero no me extenderé en este punto porque no es el objetivo de este post. Si estás interesado en este programa y deseas conocer la experiencia de primera mano, en este blog tienes una sección sobre el erasmus a la cual puedes acceder desde el menú superior.

Además y por si no fuese suficiente, quieres saber más sobre cómo fue la experiencia en Lituania concretamente, en su día cuando estaba por aquellas tierras escribí un blog. Lo tienes en la pestaña “Enlaces” del menú superior.

Entrando ya en el grueso de la temática, os diré que al volver de Lituania me encontraba en mi último año de carrera, y como muchos otros me planteaba hacer un Máster, pero… ¿cuál?

Dedique 11 meses a aclarar esa pregunta, y a cada cosa nueva que descubría, más dudas surgían.

Cada día que pasaba la presión iba en aumento hasta tal punto que sin darme cuenta ya estaba usando técnicas estadísticas para dar con la respuesta y saciar mi conciencia.

Finalmente y después de meses buscando, conseguí dar con la mejor de las opciones posibles.

Mi experiencia con el máster la contaré en un post a parte.

Pero os adelanto que fue buena, aunque algún que otro disgusto me lo podría haber ahorrado. También mencionar que volví ha hacer otra movilidad durante el máster (esta vez a Suecia) y fue increíble.

Por eso, después de haber viajado tanto por temas académicos, he decidido emprender este blog para que todas las personas que les gustaría hacerlo tengan una experiencia previa de antemano. ¡Y es que no hay nada más bonito que viajar a la par que estudias lo que más te apasiona!

Sin más que contar, os dejo que sigáis explorando el blog, y ante cualquier duda, siempre será un placer responderos a través del e-mail, Facebook, Twitter o Instagram.

Recuerda:

“Viajar primero te deja sin palabras. Luego te convierte en un narrador” – Ibn Battuta.