6 lecciones después de 7 años en el extranjero

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Adiós mamá. Adiós papá.

Coges aire hasta cargar el último centímetro cúbico del depósito de tus pulmones y extiendes la mano para abrir la puerta de eso que llamas hogar.

Vuelves a mirar hacia atrás y te percatas de lo que pasa.
Tu madre tiene los ojos encharcados.
Tu pobre abuela le reza a las fuerzas celestiales mientras sustenta en su mano derecha un rosario.
Tu padre, sonriente y con toda la fé puesta en tí, te giña el ojo en señal de “hijo, sé que lo harás bien”.

No es fácil extender las alas y volar dejando atrás el nido en el que creciste, pero cuando es con tan sólo 18 años y cambiando de continente lo es aún más.

Con ganas, pero con miedo.

Una vez que ya has cogido cierta altitud en tu vuelo, piensas que no está tan mal.
Te sientes cómodo.
Aprecias la belleza de las vistas.
¡Sí joder, ha merecido la pena!

Hasta que un día recibes un oráculo en forma de sueño, y prevés que las cosas se te pondrán cuesta arriba.
Y sí, ya no es tan alto el vuelo, y de hecho te comes el suelo.
Intentas buscar a aquellos que dejaste atrás en su día, pero ya no pueden hacer mucho.
Miras a aquellos que te rodean ahora y te das cuenta que más de uno sobra.

Entenderás porqué dicen que el 90% de las personas no le importan tus problemas, y el 10% restante se alegra de que los tengas.
Levantas la cabeza al cielo y preguntas: ¿Por qué a mí?¿Por qué ahora?¿Qué he hecho?

Es en estos momentos en los que te quedas con las lecciones más importantes de la vida, porque todos sabemos sonreír cuando la vida nos va bien, pero la diferencia la marcan aquellos que desde el suelo vuelven a donde estaban, pasando de cero a cien.

1 – ¿Quién dijo que el hambre es malo?

Aprender es vivir.
Es aprovechar tu tiempo enriqueciendo tu mente y tu cuerpo para así poder materializarlo en un impacto positivo.

Jamás rechaces una oportunidad de aprender por pereza, especialmente si lo que te vas a quedar haciendo no te aportará nada de grandeza.
Bien sea viajando o recibiendo gente de otras partes, asistiendo a clase o enseñando al mundo, participando en un programa de movilidad o coordinándolo… Sea como sea, siempre hay algo en lo que instruirse.

Que nunca te quiten el hambre de aprender.

2 – Cree

Me da igual en qué o quién creas.
Jesús, Allah, Jehová, el Karma, la madre naturaleza, Budha, los dioses de la mitología escandinava, los 5 elementos hinduistas, la virgen de tu pueblo…
Esto no es una apología a la religión. Es una apología a la fe.
La fe te permitirá creer, y si crees te levantarás más fuerte.

No te digo que por ello lo conseguirás, pero… siempre tendrás un motivo de por qué levantarte una y otra vez.

3 – Los problemas son parte de ti

Parece muy simple y obvio, pero admitamos que todos nos consideramos especiales en cierto modo.
Todos pensamos que nuestros problemas son muy importantes y los ponemos en el centro de nuestra vida.

Luego, intentamos extrapolarlos del centro de nuestra vida al centro de vidas ajenas y no funciona.
Ahí es exactamente donde nos equivocamos.
Nadie quiere saber que estás jodido.

Como dijo José Mujica: “Hay que aprender a cargar con la cicatriz y con la mochila y seguir andando y mirando para adelante”.

Mujica

 

4 – Sé agradecido siempre

Agradece a aquello en lo que tengas fe.
Necesitarás optimismo siempre, y si realmente crees y tienes fe, te será fácil arrodillarte y dar las gracias.

Gracias por tener salud.
Gracias por levantarte otro día más.
Gracias por poder sentir los rayos de sol en tus ojos y oler el petricor de la lluvia.
Gracias por poder caminar, pensar y respirar.
Gracias por un día más al lado de los tuyos.
Gracias por más tiempo de vida.
Gracias por lo que viviste, lo que vives y lo que te tocará vivir.

No tiene que ver con que sea algo positivo ni que las cosas estén saliendo como tú esperabas.

Es aprender (como dije en el punto 1) a cargar con la mochila de la que hablaba Mujica (en el punto 3) para poder seguir adelante y dar las gracias (en el punto 4) a aquello en lo que tengas fe (en el punto 2).

Gracias, simplemente gracias, hasta el día en que redacten tu esquela.

siempre agradecido

5 – Aprende a diferenciar a las personas

Nuestro subconsciente es tan ingenuo que construímos en nuestra mente un sentimiento de “puedo contar contigo” hacia las personas que vemos asiduamente.

Parece que tenemos claro que no podemos contar con un compañero de clase por el simple hecho de verlo a diario.
Sin embargo no tenemos muy claro que no podemos contar con nuestra pareja o hermano por el mismo hecho de verlos todos los días.

Generalmente suele coincidir que las personas que nos rodean serán las que estarán ahí cuando las necesitemos, fruto del afecto cultivado día tras otro.
Pero cuando no es así, nos llevamos una gran decepción.
Mima a los que te rodean y muéstrales cariño, pero nunca esperes nada de ellos si crees que te pueden fallar.
Aquellos que no son muy cercanos y siempre te han tendido la mano cuando lo has necesitado, no hace falta decir que son un tesoro. No les empujes jamás al margen de tu vida, ni aunque te supongan un conflicto con los más cercanos.

6 – Nunca podrás conectar los puntos hacia delante, solo podrás conectarlos hacia atrás

No es una frase mía.

Lo dijo Steve Jobs en un acto de graduación, y desde entonces ha cambiado mi manera de ver los hechos que me suceden.

Es tan fácil como verlo y entenderlo de la siguiente manera:

Imagina tu vida como una gráfica vacía, en la que cada acción que realizas o emprendes se representa con un punto.

En principio, y como ser racional, intentas marcar los diferentes puntos siguiendo un patrón.

Dices que harás X para luego poder hacer Y, y posteriormente lograr Z.

Verás que conforme trazas puntos, se dibujarán algunos que no tienen ningún sentido con lo que quieres.

Intentarás crear una conexión dentro de la nube de puntos, pero a duras penas visualizarás una línea con sentido.

Tampoco lo harás. No, hasta que llegue el momento.

Entonces será cuando puedas echar un vistazo atrás y ver claramente el patrón.

Entenderás porqué se trazo cada uno de los puntos.

Todo cobrará sentido más adelante, de momento vuelvo al punto 1 para decirte, que no te quiten el hambre de aprender.

Steve Jobs